“La humildad es la llave para abrir el corazón de Jesús. La humildad conquista el amor y la complacencia del humildísimo Corazón del Salvador. Es su virtud predilecta” (El Corazón de Jesús en la vida de la M.B. pág 20)

 
¿Qué es la Humildad?

Humildad del latín humilitas, abajarse; de humus (tierra). Así que según la etimología de la palabra, la humildad es reconocer que somos de barro, que somos lo que somos delante de Dios y no más.

La virtud por la que el hombre reconoce que de sí mismo solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria.

El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen. 

La humildad es el cimiento, la base y fundamento de todas las virtudes, la sal y la vida de ellas. La humildad es contraria a la soberbia. Sin humildad no puede haber obediencia.

Textos Bíblicos y Cartas de Santa María Bernarda:
Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 29).
No hagan nada por rivalidad o vanagloria. Que cada uno tenga la humildad de creer que los otros son mejores que él mismo (Fl 2,3).
«Sed humildes unos con otros» (1 Pe 5).
Cartas Madre Bernarda n. 40; n. 54; n. 59 (En portugués 67; 49; 88).

Medios para lograr la humildad:

  • CONTEMPLAR A CRISTO humilde. Él, siendo nada más y nada menos que “el Hijo de Dios”, siempre fue humilde y sencillo, desde su nacimiento hasta su muerte en la cruz, nunca hizo alarde de todas sus cualidades y poder. Leyendo el Evangelio verás que Jesús siempre fue sencillo y humilde. Él mismo nos dijo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.
  • Pedir su ayuda a Dios en la ORACIÓN. Pedirle que me ayude a ser humilde. Recordaré que, solo nada puedo, con Él todo lo puedo.
  • Empezar a SERVIR a los demás sin esperar ninguna recompensa o ser alabado por ello.
  • Siempre que haga algo bueno, tratar de PASAR DESAPERCIBIDO.
  • Aprender a RECIBIR AYUDA de los demás, aunque me cueste trabajo y procurar dar las gracias siempre.
  • Decir NO A LA PRESUNCIÓN (tanto de cosas materiales como de mis cualidades, mis hazañas), en una palabra, tratar de no hablar tanto de mí mismo y escuchar más de los otros.
  • Hacer un esfuerzo por observar, descubrir y APRECIAR LAS CUALIDADES DE LOS QUE ME RODEAN (hermanas de comunidad, padres, hermanos, familiares, compañeros de trabajo, amigos y enemigos).
  • Acostumbrarme a PEDIR PERDÓN cuando haya ofendido a otra persona y a reconocer mis faltas frente a los demás cuando me equivoque. Esto no me hace menos, al contrario, me hace más valioso.
  • Recordar la frase de Santa María Bernarda: “Alejen el orgullo y consideren sus limitaciones y sean Humildes” (CMB nº 15).
  • “Sólo el Humilde puede amar sinceramente. (CMB nº 34 – En portugués N° 50)
  • “Debes crecer en Humildad si quieres que abunden en nuestras casa toda clase de virtudes”(CMB nº 15).

Propósito del mes

Este mes me preguntaré todas las noches: ¿He sido humilde el día de hoy? Rezaré esta oración. Dios todopoderoso y eterno, haz que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya y que te sirvamos con un corazón humilde y sincero. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo. Amén.

Humildad según el Papa Francisco

El Santo Padre nos recuerda “la humildad sólo puede llegar a un corazón a través de las humillaciones. No hay humildad sin humillaciones, y si tú no eres capaz de aceptar algunas humillaciones en tu vida, no eres humilde”. Es simple, es “matemático”.

“El único camino para la humildad es la humillación. La santidad, viene a través de la humillación. El fin de la santidad que Dios regala a sus hijos, que regala a la Iglesia, viene a través de la humillación de su Hijo, que se deja insultar, que se deja llevar sobre la Cruz, injustamente… Y este Hijo de Dios que se humilla, es el camino de la santidad.

El camino de humildad, en Santa María Bernarda

La Humildad Evangélica fue una gracia y prerrogativa particular de Santa María Bernarda. (HV p. 51).

  • La vida de Santa María Bernarda es todo un ejemplo de virtudes, donde no resulta difícil reconocer su heroicidad.
  • Llevó una vida oculta y en oración.
  • Nutría una inmensa confianza en Dios y en la Providencia.
  • Su vida ha sido todo un confiar en Dios, que la guiaba por el camino de la santidad.

Se consideraba y se llamaba, con plena convicción, “una gran pecadora” y quería que todos también la consideraran persona de poco valor. Hacía poco caso de sí misma y de su vida, despreciaba los honores y las alabanzas; deseaba ser despreciada y humillada; se alegraba de las humillaciones; atribuía, todo bien, únicamente a Dios. (HV p. 110).

Por humildad y modestia, prefería dejar de dar limosnas y dejar que las otras hermanas lo hicieran, para permanecer oculta. Amaba la simplicidad. Sus palabras eran siempre sinceras y explícitas. En ella, todo era auténtico, inspirado por la bondad y la benevolencia. Se consideró siempre la más pequeña de las hermanas, obligada a servir a todas, y a estar sometida a todas.

En el ejercicio heroico de esta virtud, se inspiró en la humildad de la Virgen María, no dando ninguna importancia a su persona ni al cargo que ocupaba, sino atribuyendo todo bien exclusivamente a Dios.

Quiso que la humildad fuese la característica de su Congregación y educó a sus hijas espirituales, para cultivar y amar esta virtud. La virtud de la humildad resultó la constante de su vida y de su actividad. Es admirable su prudencia y humildad. Jamás buscó defenderse de cualquier acusación, antes bien, se apresuraba a echarse sobre sí, toda culpa. (HV p 211).

Era siempre honesta, sincera, genuina y auténtica. Nunca se le vio impaciente o irritada. Las amonestaciones y correcciones las hacía con voz tranquila. Después añadía alguna palabra de estímulo que hacía efecto. Cuando el mundo externo no la comprendía, la contrariaba y la perseguía, permanecía silenciosa y no se defendía. Al confesar sus culpas, reconocía sus propias faltas con gran humildad.

Cuando era acusada, jamás se mostraba ofendida, con actos de caridad hechos ocultamente y haciendo los trabajos más humildes, quería ponerse al servicio de todos. En su comportamiento nunca manifestó nada que fuese contrario a la virtud heroica de la humildad. (HV p. 143).

En los sufrimientos por las incomprensiones del Obispo de Portoviejo y su Clero, permaneció en silencio y no se defendió.

Sumergida en la más profunda humillación delante del Señor, agradecía por la oportunidad de poder sufrir y aparecer culpable delante de todos.

Ella nos dice: hermanas créanme, el único camino al cielo es aquel que Cristo halló con su propio pie…. “humildad – sacrificio – y amorosa oblatividad”.

La Madre Bernarda en su carta 59, dice: mucho les he escrito sobre la humildad, pero… ¿la han asimilado…? No basta reflexionar, hay que obrar. Si faltará la práctica sería mejor callar.

Quiera la Sangre Redentora de Cristo, sanar nuestros corazones de la soberbia, del egocentrismo y de la exagerada autosuficiencia.

Quiera también que la humildad eche hondas raíces y produzca frutos sazonados de santidad.

Lo será si se humillan todos los días de su existencia. De otro modo, el cerro de la soberbia se convertirá en montaña infranqueable. (C. M.B. 59)

Momento de interiorización

¿Qué actitudes demuestran que soy una persona humilde?
¿Cuál es mi actitud frente a las situaciones difíciles que se me presentan como medio para practicar la virtud de la humildad?
Concreto mi compromiso personal frente a la práctica de la humildad.