¡Ave María!
En Jesús amadas hijas:
Su voluntad, para que sea buena, ¡ha de derretirse como cera en la Voluntad de Dios!
Hermanas, conformen su voluntad con la de Dios hasta en los detalles más insignificantes. Las pugnas, resistencias egoístas y excusas razonadoras, son fruto de una “voluntad inmadura”. Sigamos el ejemplo de Cristo, hagamos del Querer Divino el manjar de cada día. Encarnemos nuestra “Forma de Vida”, para que sea funcional, en cada momento. Obedezcamos sin discriminación de personas, lugares y circunstancias. A un proceder así lo llamaría yo:”disponer de una voluntad madura”.
Sólo una Obediencia sostenida por una madurez voluntaria, nos hará felices y seguras, y será señal de una auténtica vocación. ¿Por qué en ciertas vidas consagradas, obediencia y voluntad de Dios no llegan nunca a ser sinónimos? Sencillamente porque no se cultiva la humildad, fruto de una voluntad férrea. El hecho de perseverar en una actitud consciente y responsable, fomenta grandemente el proceso de madurez volitiva. Al contrario, la irresponsabilidad en sus múltiples manifestaciones, sólo es anunciadora de una voluntad floja y sin desarrollar.
Amadas hijas: respeto la diferencia de caracteres y las diversas gamas de reacciones temperamentales; pero reconozco también los efectos de la gracia y los esfuerzos de una buena voluntad. No olvidemos, que la práctica de la humildad y de una generosa caridad, es el mejor fortificante para una voluntad débil e irresoluta.
¡Ánimo, amadas hijas! ¡Láncense a la conquista de su voluntad! Ella las capacitará para hacer cosas grandes y aun increíbles. Imploremos el socorro de arriba y recemos las unas por las otras.
Por el sagrado Corazón de Jesús, las saluda su madre,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1