¡Ave María!
En Jesús amadas hermanas:
Infinita y divina es la grandeza y hermosura de la Santísima Trinidad, y admirable y trascendente su divina simplicidad. ¡Ojalá imitemos este atributo de Dios! Simple y sin alarde es también la Palabra del Evangelio, porque es emanación de la sabiduría de Dios que es ajena a todo doblez y elocuencia hueca.
Amadas hermanas, la sincera imitación de esta simplicidad divina es capaz de llevarnos en poco tiempo a un alto grado de perfección. ¿Esta sería una santidad oculta, sencilla, auténtica y veraz? ¿Qué impedimentos nos podrán estorbar su feliz adquisición?… les respondo: “el yo, nuestro egocentrismo y la exagerada prudencia carnal”. Este pernicioso trío nos perjudican y producen en nosotras la ceguera espiritual. Ciegas a nuestra propia pobreza, descubrimos mil faltas en los demás y ni una sola en nosotras mismas ¡El bondadoso Señor nos protege contra semejante mal!
Pongámonos en contacto con este Dios “Uno y Trino”, presente en nosotras por la gracia santificante. Permanezcamos en Él con sincera humildad y con santa simplicidad. Tratemos de igual modo a cuantos nos rodean. Almas simples son oasis para el Huésped Divino; a éstas admite en su intimidad y en ellas establece su morada.
Hermanas, ejercítense en esta virtud de la “santa simplicidad” y permanezcan en ella para siempre.
¡Adiós! Por Jesús y María, las saluda su Hermana,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1