¡Ave María!
En Jesús amadas hijas:

Es bueno y saludable recordar frecuentemente su solemne compromiso por medio del voto de “obediencia”.

Hermanas, hay momentos en que me preocupo mucho, pensando en ustedes… Sé que han sido formadas e informadas muy bien durante su noviciado en lo tocante al voto de “obediencia”. ¿Cómo me explicaré entonces, las frecuentes ligerezas, egoísmos y resistencias caprichosas? ¿Han olvidado el amor de predilección de Cristo por las almas transparentes y sacrificadas, que como ÉL aspiran a una obediencia perfecta, total y limpia de sutilezas?

Amadas hijas, no se contenten con una obediencia a grandes rasgos; no la racionalicen; las privaría de privilegios por toda una eternidad. Me consta que reciben frecuentes avisos, ¡dejen que les penetren el corazón! Ahora, me dirijo a ustedes, hermanas jóvenes, con particular cariño: miren la corriente de la época, tan hostil al logro de una obediencia perfecta. Les ruego, no se levanten autosuficientes, infalibles y con dialéctica agresiva, ante su fraternidad. Eviten toda negligencia e irresponsabilidad en el cumplimiento de su deber. ¡Sean responsables, y esto por amor!

No se dejen arrastrar por la corriente de la época, mezclada de existencialismo y racionalismo exagerados.
Contemplen y profundicen las palabras de la epístola: “Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes… ¿Acaso no confundió Dios la sabiduría del mundo?… y… Nosotros predicamos a un Cristo Crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.

¡El misericordioso Señor les conceda abundantemente esta sabiduría de la Cruz! ¡Adiós!

Oremos las unas por las otras. Por la Virgen con su dulce Niño, las saluda su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María.

Cartas de Espiritualidad #1