¡Ave María!

En Jesús amadas hijas:

Amarga y vasta como el mar es la Pasión de Nuestro Divino Redentor. Bien sé que rezan diariamente el Vía-crucis y que a veces meditan en la Pasión de Cristo. Pero esto no es suficiente. La Pasión de nuestro Redentor ha de ser algo vivencial y no solamente una idea abstracta y sin calor.

Amadas hijas, deseo que se apropien la acción salvadora de Cristo, y que se asocien a ella en los acontecimientos de cada momento. Hermanas, escuchen:

  • Cuando las humillan y sienten hervir la tentación de justificarse, callen valientes y reflexionen: Cristo es coronado de espinas porque libremente quiere expiar la rebelión. Únanse a Él con madurez afectiva, traten de sosegar el resentimiento y luego: ¡perdonen!
  • La Obediencia puede ser cruel, exige renuncias dolorosas, les provoca a estallar. Piensen entonces: Cristo se hizo obediente hasta la muerte y obedeció a los mismos verdugos. Dejen de reclamar y ofrezcan su obediencia en pago de tanta altivez dentro y fuera del convento.
  • Las acaba de herir alguien y se les quiere clavar la antipatía y la venganza. Apresúrense a decir: lejos de mí tomar en cuenta la debilidad de mis hermanos. Como ellos necesito ser perdonada, y como yo, ellos son amados por Cristo con amor de predilección.
  • Las solicitan los halagos pasajeros y las mortifica la curiosidad, ¡sacrifíquenlos! Cristo, por nuestro amor cubrió con velo de sangre divina sus ojos omniscientes. Recuerden que los ojos son las ventanas del alma y ellos las pueden perder. ¡Contrólense y miren ante todo el Sumo Bien!

Amadas hijas, quiero terminar. Les sobran instrucciones, ¡aplíquenlas! Acérquense más y más a este océano de la acción redentora y aprendan a ser virtuosas. Cristo está con ustedes, las ayudará a triunfar. Pronto recogerán los deliciosos frutos de su “pasión-convivida”.

Oremos las unas por las otras. Por el amante Corazón de Cristo, las saluda su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María

Cartas de Espiritualidad #1