Ave María
En Jesús amadas hijas:

Seguramente Uds. han aliviado a muchas almas del Purgatorio, a causa de la Potencial, y también habrán movido con su fervor algunos pecadores. Así, alégrense, porque les espera una gran recompensa por haber ayudado tan generosamente a los afligidos hijos de la Santa Madre Iglesia. Ganar una indulgencia es cansón, pero este cansancio aumenta los méritos de las mismas.

Las hermanas de aquí adelantaron sus trabajos el día anterior, de modo que podían dedicarse el dos de agosto al piadoso ejercicio sin perder un instante. Les ruego que conserven esta
costumbre de nuestra orden para socorrer a los miembros dolientes del divino Salvador.

Y ahora retomaré una vez más el viejo tema acerca de la vida interior, el cual debe ser de capital interés para una esposa de Cristo. Miren, la buena vida interior se caracteriza, en primer
lugar, por un vivo celo por la gloria de Dios y la salvación de todos los hombres. Por tanto, sería ridículo y aun repugnante si Uds. se preocuparan demasiado de sí mismas y de cosas
baladíes.

Tengan también muy presente que deben llevar una vida abnegada y parecida a la que llevó su Esposo Celestial, y que deben dar muerte a su yo imperfecto, si quieren perseverar en el seguimiento de Cristo. Ahora me dirán:

– Esto nos lo ha dicho ya muchas veces; pero, ¿en qué forma concreta lo debemos realizar? Se lo explicaré con mucho amor:

* Obedecer con entera sumisión del propio juicio es hacer morir al yo imperfecto.
* Aprovechar diligentemente las pequeñas oportunidades para autohumillarse, son pequeñas y constantes muertes del yo.
* Practicar la caridad de palabra y de obra y orar por los demás, es olvidarse a sí mismo y morir al yo.
* Observar el silencio «amablemente», en lugar de defender los derechos del yo ofendido.
* Vencer la curiosidad para evitar la disipación que aleja de Dios y hace imposible una flerte intimidad com el Amado de sus almas, es morir espiritualmente.

Estas y otras prácticas piadosas son las incesantes muertes espirituales a que se somete uma esposa de Cristo libremente, con el propósito de lograr una profunda y recia vida espiritual. Agrego todavía que dejar de preocuparse del yo egoísta y hacerlo morir de raíz es tan importante, porque el egoísmo mata la caridad y el amor. ¡Oremos insistentemente las unas por las otras, y pidamos al buen Dios que nos regale abundantes gracias prevenientes con que llevar nuestro yo imperfecto a la muerte definitiva. ¡Adiós!

Por María, la Santa Madre de Dios, las saluda su madre del Sagrado Corazón de María que las ama.

P.D. Todas las hermanas de aquí gozan de buena salud, y yo pido al buen Dios lo mismo para Uds., con el fin de cumplir debidamente sus obligaciones. No recuerdo si he felicitado a la
querida hija María Clara para su Onomástico; pero, si acaso lo he olvidado, lo reemplazaré con oraciones redobladas.

Agosto 4 de 1913

A 11 Pg. 61-62