Ave María
En Jesús amadas hijas:

Me parece muy bueno, querida hija, que el Divino Salvador la pruebe también un poco físicamente, porque esto presagia su crecimiento en la virtud. Yo sé por experiencia que cuando nos sentimos más o menos bien de salud damos fácilmente gustos a nuestros sentidos externos, en vez de recogernos en Dios; sin embargo, más correcto sería servir al Señor con mayor generosidad y fervor cuando haya pasado el malestar.

Reflexionando sobre los movimientos de la gracia descubro que ella jamás se para, y que obra como aguijón que impulsa a mayor perfección. Así, bienaventurado quien hace caso a esas continuas mociones, porque avanzará rápidamente en la perfección, tal vez sin darse cuenta. Y ahora, ¡manos a la obra!, queridísima hija, sabiendo que estos quedos y silenciosos requerimientos de la gracia vienen directamente del Espíritu Santo, y que llevan a una estrecha unión con Dios. Pida Ud. este favor también para mí ¡Adiós!

Por María, la Santa madre de Dios, la saluda su madre del Sagrado Corazón de María que la ama.

Cartagena, Abril 14 de 1913

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