Diciembre 21 de 1914

¡Ave María!
¡En Jesús, amadas hijas!

Si quieren guardar fielmente la gracia de los santos Retiros, deben hacer mejor la meditación diaria. En las meditaciones, comiencen todas como novicias, mirando seriamente a su celestial modelo. El Divino Salvador les enseñará, paso a paso cómo deben seguirlo para conseguir las santas virtudes, una a una. Creo que generalmente lo hacen, pero sin penetrar en particularidades y a profundidad. Meditando sobre la obediencia del Divino Salvador, deben cuestionarse seriamente y decir: “¡Mi Jesús, si tú practicaste una obediencia sin reservas a tus verdugos, qué infame y cobarde soy yo, que en cosas tan fáciles y posibles, sigo, muchas veces, sólo mi idea y mi voluntad, interna y externamente. De ahora en adelante debe ser diferente. Hoy quiero aprovechar fielmente cada oportunidad. ¡Cueste lo que cueste, quiero seguir el ejemplo de mi Jesús!”

Del mismo modo de ben actuar con relación a la santa Caridad, la Humildad, la Paciencia. En una palabra, en todas las virtudes. Así, queridas hijas, llegaremos paso a paso, a soportar algo silenciosamente, con amor y verdadera humildad.

En verdad, es para asustarse cuando se observa que las Religiosas, Esposas de un Dios- hombre, son tan poco mortificadas, que no pueden soportar una reprensión sin resentimiento y confusión.

Religiosas que no pueden pasar en paz de un pequeño oficio a otro, de una ocupación a otra. Estas son señales de que no meditan bien, que no quieren seguir a Cristo, están llenas de egoísmo. No aprenden a morir a sí mismas y así su trabajo no atrae la bendición de Dios. Son una carga para sí mismas y muchas veces escandalizan alas otras.
Sí, hay mucho que mejorar. ¡Mejor es comenzar ahora o nunca!”

Deseo que la hermana Superiora las instruya y amoneste muchas veces en esto. ¡Cristo es el CAMINO, la VERDAD y la VIDA! Feliz la religiosa que aprendió a imitar con coraje a Jesús. En el Juicio final Él la colocará a su derecha porque luchó y venció siguiéndolo.

Adiós. Recemos unas por otras. Salúdenme cordialmente a la madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de MARÍA.

Cartas de Espiritualidad #1