¡Ave María!
En Jesús amadas hijas:
“Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Hermanas, profundicen un poco estas palabras del Santo Evangelio. Es un mensaje de “caridad mutua”. ¡Ojalá practicaran esta virtud con un dinamismo tal, que la unión y la paz por ella producidas, permanezcan entre ustedes para siempre! Han venido a la fraternidad con el bagaje de su temperamento y con todas sus pruebas respecto a la paciencia y la caridad.
Ninguna generación se verá exenta de este problema. ¿Serán ustedes cobardes,… se negarán ante la lucha? ¡Dios no lo permita! Precisamente en este campo de batalla librarán las mejores victorias. Muchas citas de la Sagrada Escritura nos hablan de la preferencia que Dios tiene por la virtud de la caridad. En las fraternidades donde ella tiene derecho de asilo, Cristo coloca su tienda. “Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él”.
Amadas hijas, todas gimen bajo el peso de su yo, y recíprocamente experimentan sus consecuencias. Siéntanse dichosas al ver el esfuerzo de todas y de cada una de las hermanas en la lucha por un “yo maduro”, tallado sobre el molde de Cristo-Redentor. Recuerden que su principal tarea consiste en aceptar y amar. Jamás deben juzgar ni criticar.
Este es mi mensaje para todas nuestras fraternidades: “Empéñense diligentemente por implantar por doquier, un ambiente de sincera cordialidad. Sírvanos de reflexión estas palabras de San Francisco de Sales: Yo no puedo tener por buen espíritu un trato seco y frío; para mí sería indicio de falta de amor a Dios… Recuerden las tradiciones apócrifas que nos hablan de la amabilidad humana. El Verbo Eterno se revistió de amabilidad para atraernos y movernos a la caridad para con los demás. A imitación suya, ¡avancen en el recíproco amor! Por nuestro Padre San Francisco, las saluda su madre,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1