Obra Pía, abril 2 de 1917

¡Ave María!
En Jesús amadas hijas:

Qué hermoso y grandioso aspecto ofrece una comunidad religiosa, donde cada miembro contribuye fiel y generosamente al apostolado común.
Allí reinan la paz y la armonía. Gran parte de las dificultades y disgustos desaparecen, se fomenta la recíproca caridad y comprensión, y aumenta la santa unción en la oración.
Deseo que cada hermana desarrolle a cabalidad su propio oficio. Cuídese cada cual de no estorbar la actividad de los demás, ni tampoco conviene que las observe y las inspeccione.

Cultiven las hermanas el sentido del bien común. No se valgan de la evasión; hagan todo a su tiempo, en su lugar y del modo más conveniente. Donde se repiten la impuntualidad, los olvidos y los oficios hechos a medias, no puede haber buen espíritu, ni se puede hablar de responsabilidad y madurez. Las Hermanas en un ambiente así, se auto-justificarán y alegrarán diciendo: se me olvidó; estuve de afán; no había entendido la orden.

Mis hijas, esto se puede enmendar, les respondo yo. Los olvidos se evitarán, haciendo las cosas cuanto antes. El no haber entendido se remedia preguntando dos o tres veces y teniendo la humildad de querer entender. Quien siempre está de afán, hará las cosas con superficialidad y revela falta de talento organizador. ¡No pierdan tiempo, y tendrán tiempo para todo!

Dios es un Dios de orden y es Autor de toda ley en últimas instancias. Hermanas, sigan un sistema al trabajar y mortifíquense. Sigan en lo posible el reglamento de su fraternidad; esto agrada mucho a Dios y facilita el apostolado común. Cuán poca importancia se presta hoy a este punto capital. Sé que no les faltan la instrucción y los buenos ejemplos. Hermanas, contribuyan pues, a la eficacia de su apostolado común y a implantar en su fraternidad un ambiente de sosiego y bienestar.

Esta es la gracia que pido y espero de Dios para cada una de ustedes. Por el Sagrado Corazón de Jesús, las saluda su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María

Cartas de Espiritualidad #1