Febrero 27 de 1916

¡Ave María!

En Jesús amadas hijas:

Permítanme presentarles hoy algunas normas de conducta, útiles para su apostolado:

  • Controlen diligentemente su lenguaje y su mímica detectores del clima interno, no obstante utilizar a veces un idioma desconocido para los circunstantes.
  • Recuerden, que el ejemplo de “caridad y paz” se proyecta benéficamente desde el ámbito de la comunidad, a sus allegados.
  • Al contrario, la ausencia de estos factores destruye y hace imposible un apostolado fecundo.
  • Desunión y frialdad vividas en la fraternidad, producen escándalo y repulsa por parte de los seglares, y su influjo devastador se prolonga a través de muchos años, a pesar de sinceros esfuerzos contrarios.
  • Jamás olviden su responsabilidad frente a los de afuera. ¡Cuántas personas casadas disimulan los defectos y dolorosos encuentros con su consorte, sólo para evitar un juicio desfavorable y proteger su buen nombre!

Queridísimas hijas, ¿seremos nosotras menos nobles y menos virtuosas que ellas? Nuestra fidelidad, libremente prometida a Dios y a nuestra congregación, nos exige una respuesta generosa. Hermanas, ¡manos a la obra!

Por María, Madre de Dios, las saluda cordialmente su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María.

Cartas de Espiritualidad #1