Ave María
En Jesús amada hija:
¡Oh amor, oh Santo amor, tú eres un don celestial, y la palabra más dulce que pronuncia la lengua del mortal. Oh, cuán deseado y que el gran ejército de personas consagradas ardiera en ese santo amor a Dios, hasta reducir a pavesa todo otro amor que pueda darse en esta tierra. Por tanto, mi querida hija, quiero que no escatime sacrificio alguno para que adquiera este inestimable tesoro, y para que también sus queridas confiadas crezcan más y más en esta virtud teologal. Ciertamente, no le ha faltado voluntad para hacer caso a la continua invitación
por parte del Espíritu Santo, que es un Dios de amor, sin embargo, tanto Ud., como yo, nos debíamos decir después de años de sincera brega, que muy poco hemos alcanzado. Mas, en
vez de acobardarnos al vernos tan pobres, nos humillaremos, bregaremos de verdad, y tomaremos el caminito angosto de la mortificación silenciosa que conduce rápidamente a la
meta. Como Superioras, estamos obligadas a hablar con frecuencia; pero, a las mil y una palabras totalmente inoficiosas, podemos y debemos poner el cerrojo, utilizando la regla de oro
que nos enseñó nuestro Divino Redentor, diciendo: vuestro hablar será: sí, sí y: no, no. Entonces: hablemos lo preciso y expresémonos con palabras amables, cariñosas y modestas, porque esto nos ayudará a permanecer cerca de Jesús y a crecer en el santo Amor ¡Adiós!
La saluda cordialmente, su madre.
A 10 Pg.25 y 26