Octubre 17 de 1923

¡Ave María!
Muy amada hija:

Sobre Ud. Descansa la responsabilidad mayor de la Congregación. Vele porque cada una de nuestras casas sea un símil de la fraternidad de Nazaret. Por cierto, hay muchas hermanas eficientes en su apostolado, pero a menudo cojea su vida interior. Trabajan mucho en la viña del Señor, pero con una visión más trascendente y espiritualmente agudizada, lograrían un fruto mejor. Amada hija, inicie a las hermanas en los misterios de la vida interior. Inspíreles ánimo para que se promuevan técnica y ascéticamente. Provoque en ellas el anhelo por una armónica personalidad, de finos modales y selecta urbanidad.

Mucho me preocupa que en cualquiera de nuestras casas se observen comportamientos poco acordes con nuestra consagración… ¿Será que las hermanas están olvidando el factor urbanidad? Cuán agradable visión presenta una religiosa de porte noble, pulcra en su exterior, de límpida mirada, suave en el hablar, recatada en el caminar, calmada, equilibrada, modesta, pero a la vez dinámica para transmitir la Paz y el Bien. La autosuperación ha llegado a ser funcional en ella.

¡No descuide usted la difícil tarea de una buena orientación! Ella exige paciencia y reflexión, dialogar, observar y duro bregar. Es forjar mentalidades y es convencer; es construir escalas de valores y es prudente discriminar.

Las corrientes actuales apoyan la rebeldía; el racionalismo exagerado ampara los privilegios de la razón y sofoca la fe; se ama el lujo y se huye de la mortificación; se elogia la indisciplina disfrazada de libertad, y por todas partes domina la molicie y la irresponsabilidad. La autosuperación es tema favorito de conversación y se desconoce en la acción.

¡Sea distinta la conducta de las hijas de nuestra congregación! ¡Oremos, ayudemos, orientemos y sostengamos un ambiente culto y espiritual! Son muchas las Hermanas de buena voluntad y la buena simiente puesta en ellas producirá el ciento por uno. ¡Amemos y esperemos hasta que nuestras hijas se hayan convertido en espectáculo ante los ojos de Dios y de los ángeles, y que sus virtudes edifiquen a los hombres! Amén.


Sor María Bernarda del Sagrado Corazón de María

Cartas de Espiritualidad #1