Ave María,
En Jesús amada hija:

«Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él».

Hace ya más de treinta años que esto me escribió un Rvdo. Padre confesor, agregando todavía que bien podía yo quemar el librito donde apuntaba mis buenos propósitos y maravillosos principios espirituales; yo hice esto sin tardanza. Claro está que en aquel entonces no captaba yo a profundidad la riqueza espiritual que encierra esta cita evangélica. San Agustín la expresa en forma reducida diciendo: «¡Ama a Dios y luego haz lo que quieras!» yo admiro en estas sentencias el inefable misterio del amor de Dios que se vuelca en las almas sencillas. Ud., amada hija, lo entiende muy bien y se dirá que Dios quiere que lo ame siempre más y más con amor fuerte y totalizante.

Yo ya le había dicho en una de mis cartas que me doy cuenta de que Ud. se relaciona con Dios con la simplicidad de una niña, de modo que ahora sólo le resta hacerlo con auténtica sencillez evangélica. En adelante pensará, trabajará y sufrirá con ademán de una buena niña sin que yo deba enseñárselo detalladamente; pues ¡no, en absoluto! Entonces, querida hija, permita que el Espíritu de Dios le muestre cómo puede y debe morirse a sí misma en cosas grandes y pequeñas, y cómo y dónde debe renunciar a sus gustos e inclinaciones naturales cuando son opuestas al amor de Dios.

Haga hoy todavía su meditación matutina sobre estos puntos y dígale al amado Salvador que quiere ser una niña que piensa más en Él, que un infante en su madre. Y yo deseo que el Espíritu Santo la haga fuerte y capaz para cualquier sacrificio que le exige su filiación divina. Y si Ud. misma pide esto será escuchada tarde que temprano.

Y a todo esto debe agregar todavía que está dispuesta de día y de noche para sufrir con amor y sencillez de niña las penas y molestias que el Divino Corazón de Jesús permite le sobrevengan. Finalizo pensando que si Jesús quiso que sus apóstoles se hicieran como los niños, con mayor razón lo debe exigir a nosotras sus esposas. Pida Ud. esta gracia también para mí.

Por María, la Santa Madre de Dios, la saluda su madre del sagrado Corazón de María que la ama.

Cartagena, Noviembre 19 de 1913
A7 Pg. 127