Ave María
En Jesús amadas hijas:
«Hijitos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabras, sino que se demuestre con hechos» (1 Juan 3,18). Sin duda alguna, todas nosotras quisiéramos amar mucho a Dios, pero ¿lo amamos de verdad, tanto cuanto el apóstol quiere expresar en su epístola?. Ciertamente, en cada instante se nos presenta oportunidades para amar sinceramente a Dios, ya haciendo actos de humildad, de obediencia filial, caridad mutua, recta intención, cumpliendo minuciosamente el deber, o bien venciéndonos enérgicamente por amor a Dios. En cambio, obrar sólo por motivos humanos, obedecer sin amor ni humildad, ser repelentes y frías en el trato con los demás, orar sin devoción y humillarse hipócritamente sería amar sólo de palabra. Ah, queridas hermanas, mientras somos tan flojas e inconstantes en la aspiración a la perfección, no podemos amar a Dios de hecho y de verdad. Les oigo decir que de veras no amamos a Dios como Él se lo merecería. Pero esto nada nos vale si no nos levantamos para hacer sinceros actos de humildad. Vean, solamente a los humildes ilumina y reconforta el Espíritu Santo, y les ayuda a amar a Dios de hecho y e verdad, y con alegría. Así, arremanguémonos, comencemos hoy mismo y ejercitémonos en el amor hasta el final de nuestra vida.
Cuando, luego el Esposo se presente inesperadamente le podremos decir con toda verdad: Mi buen Jesús, yo me he esforzado sinceramente por amarte de hecho y de
verdad.
Por el Corazón de Jesús las saluda su hermana María Bernarda del Sagrado Corazón de María. ¡Oren por mí!
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