¡Ave María!
En Jesús amadas hijas:
“Sométanse todas a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación”.
Hermanas, reciban bien estos consejos: sométanse a la obediencia por amor a Dios, y no suceda que se les escapen palabras como estas: con la superiora X me fue muy bien, pero la actual no me comprende; carece de talento orientador; me siento infeliz a su lado.
Reflexionen, amadas hijas: ¿De quién dependerá su felicidad y su realización? ¿Han recibido siquiera una sola vez la orden de pecar? ¿Les ha faltado de verdad la ocasión para realizarse y para ser felices? ¿Serán santos, o más bien egocéntricos sus anhelos de vivir bajo la tutela de una determinada persona? ¡Les suplico, no exageren el alcance del instrumento humano, antes trasciéndanlo! Tengan cuidado, no sea que las engañe la carne y la sangre.
Amadas hijas, escuchen mi voz de alerta; aviven su fe y convénzanse que Dios mismo escogerá la superiora y las circunstancias que más convengan a su santificación personal.
¿Quieren que les descubra el secreto de aquella hermana feliz, sembradora de Paz y Felicidad? Ella ha sido grande en la fe y sabía dialogar con Dios a través de la “autoridad”. Pero ante todo, fue valiente para manejar la obediencia como instrumento favorito de autorrealización.
Oremos mucho las unas por las otras. Por los Sagrados Corazones de Jesús, María y José, las saluda su madre,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1