¡Ave María!
En Jesús amadas Hijas:
Permítanme hoy, tratar un tema muy repetido, pero útil para un apostolado eficaz, tanto en la educación, como en el servicio a los enfermos y en cualquier campo.
Amadas hijas, percátense bien de la importancia de su misión. Alfa y omega de la misma serán siempre la santa caridad y una paciencia inagotable. Deseo darles unas cuantas pautas para un trabajo más fecundo y menos agotador; escuchen:
– ante todo, motívense bien y trabajen por un ideal;
– es necesario que conozcan sus confiados, sus condiciones y su mentalidad;
– no se amilanen ante rudezas, injusticias y brotes de ingratitud;
– tengan entrañas de misericordia para comprender y para ayudar;
– su interés ha de ser la promoción moral e integral de los ambientes;
– jamás se les pierda de vista la inmensa influencia de su comportamiento personal;
– domínense siempre, particularmente en momentos de conmoción temperamental;
– corrijan poco, las amonestaciones cansan;
– escojan bien el vocabulario, es tan fácil herir, y muy difícil olvidar;
– esfuércense por adquirir una personalidad firme, prudente y equilibrada, adornada de caridad y sincera humildad;
– deseo y anhelo que todas ustedes se habitúen a un porte fino, aureolado de bondad;
– que se acerquen y alejen de quien quiera que sea, con una sonrisa cargada de atractiva afabilidad.
Hermanas, ¡la humanidad tiene hambre de amor, no se lo nieguen! Son aun más hambrientos de amor los pobres, los ancianos y los postergados en general. Hagan buen apostolado mediante la caridad y la comprensión. Les confieso que me impresiona mal y me preocupa ver hermanas que miran fríamente y con impaciencia a sus encomendados. Hijas, ¡sean portadoras de caridad!
Por el Sagrado Corazón de Jesús, las saluda su madre,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1