Ave María
En Jesús amada hija:
«Amense sinceramente unos a otros. Aborrezcan lo malo y sigan lo bueno» Rom. 12,9. Nuestro amor para con Dios, nuestros superiores, cohermanas y los demás hombres ha de ser sincero, recto y fiel. En otras palabras: nuestro amor a de ser fiel remedio del amor que tiene nuestro Esposo Celestial a cada una de las pobres y débiles criaturas humanas. Todo otro amor es vano, pasajero, sin sustancia y pobre en méritos.
Examinemos nuestro amor a ver si es sincero y libre de hipocresía. Odiar el mal es evitar a propósito hora tras hora todo pecado mortal, todo venial y toda imperfección voluntariamente perpetrados. Ah, mis Queridas, hay que comprender la maldad que encierra una imperfección voluntaria por pequeña que parezca, porque es como si dijéramos a Dios: Yo sé que esta bagatela Te disgusta; mas ahora yo no me quiero vencer. ¡Ah, qué lenguaje es éste en boca de una persona consagrada! Procedamos nosotras al revés, seamos humildes, permanezcamos en el santo temor de Dios ybremos el bien. Demos gusto al buen Dios en cosas grandes y pequeñas. Muramos con frecuencia a nuestro yo, agregando victoria a victoria. Pero ¡Ay!, cuan fríos y veleidosos están nuestros corazones. Nuestro divino Redentor, en cambio, derramó su preciosísima Sangre por cada una de nosotras con amor incomprensible. Seamos agradecidas y paguemos amor con amor.
Por el Corazón de Jesús las saluda su hermana María Bernardita del Sagrado Corazón de María. ¡Oren por mí!
Septiembre 24 de 1921
A 14 Pg. 15-38