Ave María
En Jesús amada hija
“Dichosos los que procuran la paz, pues Dios los llamará hijos suyos”. Así ha hablado una vez el divino Salvador, y con esto nos quiere decir hoy que debemos practicar tan fiel y sinceramente la mutua caridad que ésta sea el vínculo de estrecha unión, paz duradera y fraternidad. Todas Uds. han traído al convento su bagaje de faltas temperamentales y malas inclinaciones, y en esta forma vendrán las demás generaciones futuras. Pero, por esto no se deben entristecer ni asustar, porque así tendrán incesantes oportunidades de practicar la paciencia. Alerta, pues, porque en este campo de batalla podrán ganar las mejores victorias. Lean, por ejemplo, las múltiples citas de la Sagrada Escritura para que deduzcan lo mucho que Dios ama la virtud de la caridad, especialmente en cuanto se refiere al sincero amor mutuo practicado en las comunidades religiosas.
Compartir la carga común, soportar pacientemente las limitaciones temperamentales y demás debilidades humanas, no es fácil, pero después de un fuerte trabajo genera un nuevo yo mejor y parecido a la imagen del divino Salvador. Así, queridas hermanas, practiquen con paciencia y constancia la mutua caridad y dejen a la hermana superiora el deber de corregir y llamar la atención.
Sin embargo, Uds.. podrán hacer esto en caso de necesidad con mucho amor, y sin tener que informar a la hermana superiora. Aqui está o texto transcrito em espanhol: Expreso todavía el vivo deseo de que en todas nuestras casas reine la más sincera cordialidad entre todas nuestras hermanas.
San Francisco de Sales exigió perentoriamente esta delicada virtud a todas las hijas de la Visitación. Mas, yo se las exijo porque sé que no puede haber buen espíritu en las fraternidades donde las hermanas se tratan áspera, fría y des cortésmente. Tal vez han leído Uds.. en los libros apócrifos que en tiempo de la Sagrada Familia las gentes de Nazareth se invitaban mutuamente para ir a ver la «Afabilidad», cuando se sentían tristes y agobiadas. Dedúzcan de aquí la forma con que el Dios Humano se ganaba a los hombres para que lo amasen y lo siguiesen. ¿No les parece, entonces, que sea tiempo de matricularse en el seminario del mutuo amor donde florece el auténtico espíritu religioso que estriba en formar una sola alma y un solo corazón?. Por supuesto, esto cuesta eergía y autodominio. sobre todo cuando ruge por dentro el huracán del capricho y del resentimiento para poder aparentar por fuera la calma y regular todavía una suave sonrisa. Pero si a pesar de haber tenido la mejor buena voluntad y no obstante haberse mostradas turbadas, frías o rebeldes, arrepiéntanse sin demora y pidan perdón a mayores, jóvenes y a quien quiera que fuere. Pero si posponen este acto de humildad, ¿cómo querrán que el amado Salvador las mire con amor, viendo que Uds. tratan duramente y sin caridad a sus amadas esposas?. Hay un aforismo que
reza así: «Faltar es humano; pero perseverar en el pecado es diabólico». Aplicado a nuestro caso quiere decir que si una hermana no pide perdón, sigue la inspiración del demonio, y esto es muy mal visto en una persona que frecuenta la Sagrada Comunión. Entonces: pidan perdón cuanto antes, porque así ponen coto a los disgustos, los resentimientos y el mal genio, y probarán a Jesús que lo aman junto con sus amadas esposas; acto seguido sentirán profunda paz en su corazón.
La más importante, empero, es no juzgar mal a persona alguna, pues el Padre Celestial sólo ha entregado el derecho de juzgar a su Hijo muy amado. eviten también, en lo posible, comentar el comportamiento de los demás, pues este deber compete propiamente a los superiores. Más, cuán ligero se olvida esto diciendo: ¡Oh, yo no tenía mala voluntad!, aún cuando no haya sido así.
Amonéstense mutuamente cuando faltan por debilidad, perdónense para que también el misericordiosísimo Señor las perdone, y de esto digo a las hermanas mayores y jóvenes: ¡Aménse como Dios las ama! Relean con frecuencia las citas de la Sagrada Escritura que tratan de la Caridad, grábenselas en la mente y practíquenlas dentro y fuera de casa. ¡Adiós!
Por María, la Santa Madre de Dios, las saluda su madre del Sagrado Corazón de María que las ama.
Noviembre 19 de 1913
A11 Pg. 94-95-96-97