Ave María
En Jesús amada hija:

Le escribiré con frecuencia hasta cuando me sea posible, co el fin de animarla y apoyarla como superiora. Se habrá dado cuenta de que el tema de mis últimas esquelitas ha sido el amor, la firmeza y la prudencia. Hoy, querida, hija, le recuerdo el deber ineludible que tiene de indicar con toda claridad la forma como sus confiadas pueden y deben autopromoverse espiritualmente día tras día. Será un trabajo laborioso por parte y parte que exige una incesante lucha, viendo que el espíritu de la época expanda más y más. Usted como seperiora, ayudará a sus hermanas a librar este combate con gran amor maternal para que no se desanimen por las pequeñas e inevitables recaídas. Igualmente hágales ver que es importantísimo resistir en el momento mismo de sentirse solicitadas por este pernicioso mal de la época, para que no tomen daño, y para que salgan victoriosas del combate. Ustedes y yo sabemos por experiencia que las hermanas en alto grado susceptibles pueden serlo durante horas y días enteros, de modo que la gente se escandalizaría si se diera cuenta. Entonces, seamos constantes en la oración, la vigilancia y la orientación para alcanzar algo poco a poco, pues las hermanases tienen buena voluntad; pero, lo que pasa es que todavía no han comprendido bien la importancia que tiene esta lucha personal y la actuación de
energía de su voluntad superior. Así, ayúdenos con la gracia esperanza que el buen Dios hará fecundo nuestro esfuerzo. ¡Adiós!, amada hija!

Por María, la Santa Madre de Dios, la saluda cordialmente su Madre del Sagrado Corazón de María.

Cartagena, Julio 19 de 1915
A 8 Pág. 56 y 57