Ave María
En Jesús amada hija

Como primera cosa les agradezco de todo corazón sus felicitaciones y la santa oración. Entre tanto han hecho los santos ejercicios, así que espero que todas ustedes se hayan renovado espiritualmente. Conserven el fervor con la gracia de Dios. Hoy tengo el especial propósito de animarlas a la ferviente práctica del amor mutuo. Tengan presente que el Divino Salvador se la recomendó siempre a sus discípulos con palabras insinuantes, pues así lo pueden leer en las Sagradas Escrituras. Entonces, tengan mucho cuidado para que esta hermosa caridad fraterna jamás se enturbie mediante ridículos celos.

Trátense siempre con sincero amor, afabilidad y paciencia, tanto en la escuela como entre casa. En una casa de hermanas donde las relaciones mutuas son frías no reina la santa caridad, ni se puede afirmar que es la antesala del cielo. Manifiéstense el sincero amor de gestos y de palabras, pero eviten rotundamente caras lisonjeras, miradas fijas, cogerse de las manos, o visitarse en las celdas para decirse propósitos tontos. Miren la caridad mutua aligera las penalidades y hace soportables los sufrimientos. Cuando observan que una hermana falta en algo no corran de una vez donde la superiora para darle aviso; más bien llámenle afablemente la atención, y sólo indiquen el caso escuetamente a la superiora cuando la culpable no haya recibido bien la amonestación.
No exageren nunca, porque la exageración hiere el amor. Vean, las superiores siempre deben estar seguras de que lo que dice es sencillamente la pura verdad.

Hagan también el firme propósito de pedir inmediatamente perdón cuando hayan faltado a la caridad, aunque haya sido en cosa mínima; de otro modo abre su corazón al enemigo malo que, excita su amor propio, sabiendo y turenor, y Uds., terminen por ser incapaz de dominarse. Quiero que la querida hermana superiora esté muy atenta en este asunto. Yo, por mi parte, hiciera la mirada, en un plato a dos hermanas que se niegan a perdonarse, no deben contristar semejante formalidad. Ea, siendo religiosas, se deben a propósito a la santa caridad. Amense siempre con sincero amor cuando están entre casa, pero especialmente cuando están en la escuela donde las observan las niñas y las visitas. Si alguien: ¿qué hemos hecho para que la madre nos escriba en esta forma seria, o acaso nos ha acusado la madre superiora donde ella? ¡No, nada de esto, queridas Niñas!; más yo se que el enemigo infernal astucia cia y furia para echar por tierra la caridad fraterna en las comunidades religiosas. Por tanto, hay que tener sumo cuidado y también hay que amonestar de tiempo en tiempo. Hermanas, si a veces les queda muy difícil la práctica de la caridad para con una de sus hermanas, piensen que el divino Salvador la ama más que a Uds., porque acto seguido la amarán más fácilmente. Sé que ustedes no pueden darle limosna a los pobres, aunque quisiera;
pero Uds. pueden prestar muchísimos pequeños servicios que equivalen a preciosas limosnas en oro. Vean, el Divino Redentor os ama a ustedes de manera indecible; pero también Uds. pueden amarlo exhaustivamente en cada una de sus cohemanas, que son sus esposas preferidas. ¡Adiós! Pidamos un amor así las unas para las otras.

Por María, la Santa Madre de Dios, las saluda su madre del Sagrado Corazón de María que las ama.

Obra Pía, 9 de 1914 -1959