Ave María
En Jesús amada hija:
Usted habrá contribuido con buena parte para que el vino que me mando resultara tan excelente. ¡Dios le pague! paso ahora a descubrir en su vino un mero símbolo de aquel otro delicioso e incomparable que el Padre de los cielos nos regalará en la otra vida, si en ésta le servimos fielmente hasta el fin. Pero, querida hermana, ya en esta vida tenemos la inmensa dicha de beber en la Sagrada Comunión la Preciosísima Sangre que el Señor Jesús derrama gota a gota por nuestra salud, y que es prenda y delectación sempiterna que emana de Jesús, la Vid verdadera.
Pero, mire, mi cara hija, y dese cuenta de que Ud. es una diminuta uva que pende y madura en la Vid Divina; por tanto, sea paciente y déjese echar en el lagar del sufrimiento donde el Altísimo Esposo Celestial la convertirá en vino generoso para la salud del mundo.
Así, pequeña uva hasta que destile el puro vino embriagador del verdadero amor a Dios.
Por el Corazón de Jesús, la saluda su anciana madre ¡Ore por mí!
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