Ave María
En Jesús amadas hijas:

Les agradezco de todo corazón las felicitaciones, la Sagrada Comunión y las muchas oraciones que ofrecieron por mí. ¡Que el buen Dios se lo recompense céntuoplemente!

Ustedes acaban de salir de los santos ejercicios espirituales y deben estar llenas de santo fervor para servir a Dios con gran fidelidad. ¡Oh, esto es algo muy grande! Yo quisiera que se trasladaran por unos instantes al primer tiempo de su vida religiosa y que recordaran la facilidad con que hicieron los pequeños sacrificios, la abundancia de gracias que recibieron, y la protección que disfrutaron en la Orden lejos de los peligros que rodean a la gente del siglo. A continuación les suplico que regresen a este primer fervor y amor, y que pidan a su amado Esposo en la Sagrada Comunión que las haga crecer en estas dos virtudes. Puede haber alguien entre Uds. que diga que jamás disfrutaba de este privilegio del primer fervor. Respondo: ¡No se desanimen!, ejercítese ahora y persevere hasta la hora de la muerte, porque Dios da a quien le pida, pues así jamás tendrá que escuchar de los labios del Señor esta terrible sentencia: ¡“Porque no eres fría ni caliente, te vomitaré de mi boca”!

Así: estén alerta y eviten la rutina para no hacer estéril la gracia de Dios. Pero, esto no es motivo para asustarse, porque el Hijo de Dios las ha escogido a Uds. por esposassuyas, y las ha llamado para que se relacione con El en la oración, y para que trabajen en la extensión de su Reino con buena voluntad.

Entonces, queridas Niñas, ya no vivan para sí, ni pueden ser caprichosas, ni autosuficientes, ni cómodas, ni egoístas, porque todo esto ahogaría el primer amor y el primer fervor. No olviden nunca que Jesús las ama a cada una de Uds. con amor entrañable, si ve que tienen verdaderamente buena voluntad. Uds. saben que la buena voluntad no excluye las debilidades humanas, sino solamente los pecados grandes o pequeños deliberadamente cometidos; por tanto, sería terrible que alguien entre Uds. dijera a Jesús así: «Yo sé que tal cosa no te gusta; sin embargo, lo haré, porque a mí no quiero vencer». Yo sé que no lo dicen; pero, sin embargo, a veces lo hacen. Espero que todavía no se les haya acabado la buena voluntad que han acumulado durante los santos ejercicios, que la conserven, y con ayuda de la gracia eviten cualesquiera pecados e imperfecciones.

Sean de veras buenas hijas de Dios hasta el último respiro, para que se les abran por sí mismas las puertas del cielo cuando aparezcan ante ellas. Que el dulce y clementísimo Niño Dios sea su modelo, su alegría, su apoyo y su refugio, y que las bendiga en unión con su Santísima Madre.

Las saluda su madre del Sagrado Corazón de María que las ama.

P.D. ¡Oremos las unas por las otras! Gracias a Dios, las queridas hermanas de aquí están bien de salud. Después de ocho días llegarán tres novicias y una postulante para ustedes.

Diciembre 17 de 1913
A 11 Pg.109-110-111