Ave María
En Jesús amada hija:
Ya no la veo aquí en su puesto de costumbre, pues ahora está de nuevo en medio de sus queridas confiadas, actuando como madre solícita, con los ojos fijos en su amado Salvador y
con crecientes anhelos de responder más y mejor a los requerimientos de su infinito amor. Vea, y esto no es demasiado difícil si está atenta para escuchar la voz de su Amado que le dice que se dirija con calma a sus obligaciones para vigilar, orientar y dialogar. Le aconsejo, además, que no pierda tiempo con cosas fútiles y vanas, que haga de tiempo en tiempo breves actos de amor, que acuda sin demora al Señor cuando se le presenten dificultades, porque en esta forma puede estar segura de que Jesús disimula todos sus insignificantes desvíos y
momentáneas vacilaciones. Afortunadamente, el querido Jesús, en nada se le parece a su mala madre (Bernarda) que, no obstante amarle sinceramente, le niega con frecuencia lo uno y
lo otro. Jesús, en cambio, la puede escuchar y ayudar en todo cuanto le pida. ¡Adiós!
Por María, la Santa Madre de Dios, la saluda cordialmente su madre del Sagrado Corazón de María, que la ama.
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