En este texto, el director general del Colegio Franciscano São José establece un paralelismo entre dos acontecimientos que marcaron la vida de esta institución educativa: primero, el incendio que consumió el colegio en 1963 y, segundo, el severo clima que azotó la ciudad de Erechim en noviembre de 2025, causando graves daños estructurales al colegio. Este análisis explora cómo el modo franciscano de educar se diseña en medio a la fragilidad y la esperanza.

“Incluso cuando todo requiere un poco más de calma, incluso cuando el cuerpo pide un poco más de alma, la vida no se detiene” (Clarice Lispector).

Pensar en la educación integral en la contemporaneidad consiste en reconocer el encuentro entre conocimientos, valores, afectos y el sentido de la vida. Promover la educación para la existencia, para el mundo, para la responsabilidad compartida. En este horizonte, el camino educativo se construye en la fragilidad, con momentos de tensión, crisis y cuestionamiento que abren un espacio para el debate constructivo, el discernimiento y la toma de decisiones que fortalecen el contexto educativo con esperanza.

En los 103 años de historia (1923-2026) del Colegio Franciscano São José, se ha revelado que la fragilidad y la esperanza son fuerzas que se entrelazan e impulsan procesos reconstructivos. La fragilidad expone límites, revela la condición humana y exige solidaridad. La esperanza transforma la complejidad en aprendizaje, la pérdida en un nuevo comienzo y la crisis en posibilidad. Es en este movimiento que se forja una identidad educativa marcada por el carisma franciscano. En ese momento, el diálogo aborda dos acontecimientos significativos de la vida institucional: el 5 de septiembre de 1963 y el 23 de noviembre de 2025.

El 5 de septiembre de 1963 quedó inscrito indeleblemente en la memoria institucional. Al cumplir cuarenta años de existencia, en plena madurez y vigor, el Colegio Franciscano São José fue sorprendido por un violento incendio que, en pocas horas, consumió casi toda su estructura física. La pérdida material fue total. Sin embargo, por la benevolencia divina, nadie resultó herido.

Mantener las clases, completar el año escolar y mantener la esperanza, requirió coraje, fe y confianza. Las clases se reanudaron en aulas generosamente cedidas por instituciones públicas y privadas del municipio de Erechim. La fragilidad del momento reveló el valor de la colectividad y la corresponsabilidad. Fueron días densos, marcados por dificultades materiales, intensas lluvias y agotamiento físico y emocional. Aunque el incendio destruyó la estructura, no consumió los ideales, principios y valores que guían nuestra institución. De las cenizas, surgió el nuevo edificio.

El incendio fue un hito trágico y un punto de inflexión. Con el compromiso de las Hermanas Franciscanas y la generosa colaboración de la comunidad de Erechim y la región circundante, fue posible reconstruir el edificio y seguir adelante con la misión educativa. En marzo de 1964, los cursos de Bachillerato y Normal funcionaban en las áreas reconstruidas, mientras que el curso de Primaria ocupaba un pequeño edificio de una sola planta con seis aulas, donado por el Gobierno del Estado de Rio Grande do Sul debido a la catástrofe. El año 1965 marcó la reapertura del Colegio.

Décadas después, la historia vuelve a estar marcada por una experiencia de fragilidad. Al final de la tarde del domingo 23 de noviembre de 2025, una intensa granizada azotó la ciudad de Erechim, causando importantes daños a numerosas viviendas y también al Colegio Franciscano São José. Este evento se convirtió en otro hito histórico, requiriendo la reorganización del cierre del curso escolar y la redefinición de las rutas institucionales para garantizar la continuidad del proceso educativo.

Con la presencia y el compromiso de la dirección, los equipos pedagógico y administrativo, con el apoyo del proyecto Padres en la Escuela y con el espíritu de cooperación que caracteriza a la comunidad educativa, fue posible restablecer las clases en tan solo dos días, garantizando el cumplimiento del calendario escolar. En el proceso, contamos con la organización patrocinadora y las Hermanas de la Delegación Suiza, quienes contribuyeron económicamente a las reparaciones. La adversidad natural exigió una gran movilización: la sustitución del techo, el cielorraso, el suelo, el mobiliario, las ventanas y los equipos electrónicos, además del reajuste de las redes eléctricas e hidráulicas.

Una vez más, la reconstrucción reveló lo que sostiene al Colegio Franciscano São José a lo largo del tiempo: la espiritualidad que da sentido, el compromiso con la enseñanza y el aprendizaje, la resiliencia institucional, la responsabilidad compartida, el cuidado de las personas y la fidelidad a la educación integral. Cada reparación material es un gesto simbólico de reafirmación de la misión educativa. El 13 de enero de 2026, en medio de las continuas adaptaciones estructurales, se llevó a cabo el proyecto “Jugando en Vacaciones”, con alumnos desde el Jardin II de Educación Infantil hasta el cuarto año de Educación Primaria. En la segunda semana de febrero, el colegio dio la bienvenida a sus alumnos para el inicio del año escolar. Fueron 77 días de intenso trabajo, marcados por la planificación, la dedicación y la responsabilidad compartida, para que en 2026 fuera posible retomar las actividades con una estructura adecuada, segura y digna del compromiso educativo adquirido con las familias y la comunidad escolar.

Mirando hacia el futuro, es evidente que la historia del Colegio Franciscano São José está tejida de pertenencia, fuerza comunitaria y esperanza activa. Ser franciscano en el mundo es abrazar la sencillez como valor, la fraternidad como método y el cuidado como principio pedagógico. Siguiendo los pasos de Santa María Bernarda, educar con ternura y vigor requiere escucha y diálogo, apertura a nuevos horizontes, sin perder de vista la esencia.

La fragilidad nos enseña a confiar y la esperanza a amar. En la educación franciscana, cada crisis se convierte en una experiencia de aprendizaje, cada reconstrucción renueva el compromiso con la vida y cada generación está invitada a continuar la misión. Así, entre la fragilidad y la esperanza, el Colegio Franciscano São José continúa educando para la plenitud del ser, para la fraternidad universal y para la esperanza que impulsa la construcción de puentes. En la educación franciscana, se practica la pedagogía de pensar, sentir y actuar con amor y sabiduría. Se nos desafía a ser un signo de esperanza activa en el proceso educativo, teniendo la esperanza como forma de vida.

Finalmente, la elección de la higuera como imagen representativa del texto no fue casual. Ubicada en un espacio destacado del Colegio Franciscano São José, la higuera simboliza una historia cimentada sobre raíces profundas y sólidas. Expresa la fuerza de la tradición y el compromiso con la educación holística, forjado por muchas mentes pensantes, corazones sensibles y manos constructoras. Su presencia revela la atemporalidad y la resiliencia que sustentan la belleza de la vida, incluso frente a la adversidad. Las ramas visibles de la higuera aluden a la comprensión de que la educación requiere la coexistencia y el diálogo entre diversas humanidades, lo que, en conjunto, hace que la práctica educativa sea afectiva, eficaz y transformadora de las realidades sociales.

Contribución: Prof. Volnei Fortuna

Licenciado en Filosofía por el Instituto Superior de Filosofía Berthier (IFIBE). Máster y Doctorado en Educación por el Programa de Posgrado en Educación de la Universidade de Passo Fundo (UPF). Posdoctorado en Educación del Programa de Posgrado en Educación de la Universidad La Salle Canoas (UNILASALLE). Director General del Colegio Franciscano São José. Correo electrónico: fortunavolnei@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3047-2300