Febrero 22 de 1915

¡Ave María!
¡En Jesús, amadas hijas!

En las actuales dificultades de la Santa Madre Iglesia, en el mundo entero, quiero exhortarlas, particularmente, a sacar de la Santa Misa el mayor provecho posible. Antes de comenzarla, pregúntense: ¿la conciencia me acusa de alguna falta de caridad o de antipatía, contra alguien? – Si es así, arrepiéntanse enseguida sinceramente. Hagan el propósito de poner todo en orden, después de la Santa Misa, tanto como puedan. El Santo Sacrificio de la Misa es un sacrificio de admirable y efectivo perdón. Como criaturas pobres y pecadoras, debemos esforzarnos para traer un corazón lleno de amor y de reconciliación. Si así lo hacen de buena voluntad, entonces, ensanchen alegremente los corazones e imploren muchas y grandes gracias, especialmente la gracia de cumplir lo más fielmente posible, sus santos Votos y las virtudes del estado religioso.

Acto seguido, pidan por las necesidades de la Santa Madre Iglesia, por las almas del Purgatorio para que encuentren gracia delante de Dios y para todos los soldados moribundos, no olvidando tampoco a toda la humanidad cargada de culpas.

Queridas hijas, recen con inquebrantable fe, con una confianza que traslade montañas. No olviden que Jesús, el verdadero, único e INMACULADO CORDERO reza y se ofrece por ustedes en la Santa Misa, con todos sus infinitos méritos, por la humanidad entera.

En este sacrosanto sacrificio nuestra confianza es bien justificada porque Jesús se da enteramente a nosotras como nuestra propiedad. Por lo tanto, tengan bien presente estos puntos: 1) La mejor, aun cuando de corta preparación, es un corazón lleno de amor; 2) Fe viva y confianza inamovible.

Queridas hijas, bajen los ojos delante del santo Sacrificio del Altar que está rodeado de millares de ángeles y donde se renuevan, los maravillosos milagros de la divina misericordia. – Estos tesoros nunca disminuyen. Todos los días podernos juntar, los innumerables y los más preciosos, para toda la humanidad. – Diariamente podemos liberar con ellas, gran número de almas del purgatorio y, también, infelices pecadores de las garras del enemigo infernal. – Sólo en la eternidad veremos claramente lo que ganamos con la Santa Misa, así como lo que perdemos por nuestra negligencia en la participación en ella.

¡Adiós! Por la Santa Madre de Dios, María, las saluda su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de MARÍA.
Cartas de Espiritualidad #1