¡Ave María!
¡En Jesús, amadas hijas!
“Bienaventurados los pacíficos porque serán llamados hijos de Dios”, dijo un día el Salvador. Esto nos recuerda que debemos practicar fiel, seria y sinceramente la santa y mutua Caridad, para que la unión y la paz no sean perturbadas entre nosotras. Entramos en la Vida Religiosa con diversas tendencias, como: nuestro temperamento e inclinaciones. Es justamente esto lo que da tantas oportunidades para que practiquemos la paciencia casi ininterrumpidamente.
Así como nosotras ingresamos, lo harán todas las demás después de nosotras, y esa prueba de paciencia permanece toda la vida. Eso no nos debe entristecer, ni asustar. Ni mucho menos desanimar. Si en este campo hay mucho que luchar, recordemos que también, justamente aquí, aparecen, los más bellos frutos y victorias.
Por las citas de la Sagrada Escritura, sabemos muy bien cuánto ama Dios la virtud del santo amor mutuo. Es cierto que, Él prefiere, estar entre las almas y en las Comunidades Religiosas donde se cultiva con todo celo, esta santa virtud.
Así debe ser: unas llevando las cargas de las otras. Esto quiere decir que “una tenga paciencia con la otra en sus flaquezas, tendencias, fallas de carácter. A Cada una debe bastarle el ver que la otra se esfuerza para mejorar. Lo que esté tan íntimamente unido a nuestra naturaleza y gusto, exige esfuerzo, continuo combate, hasta cuando aparezca el otro yo, conforme a la imagen de Cristo”.
Queridas Hermanas, no olviden que debemos practicar la verdadera caridad fraterna con una paciencia a toda prueba. Donde hubiere faltas, allí están los superiores para amonestar y sancionar debidamente, Pueden, con toda caridad, llamar la atención a una hermana querida, lo cual es bueno y es un verdadero acto de caridad. Si a la Hermana no le importa eso o no las escucha, díganselo, entonces, a la Superiora para que ella actúe convenientemente.
Una cosa deseo que florezca en todas las casas: UNA RELACIÓN SINCERA Y CORDIAL. Cuánto insistió también San Francisco de Sales en esta forma de caridad entre las Visitandinas.
No tomo como señal de buen espíritu, si en una Comunidad la relación mutua fuera algo seco o frío. ¿Cómo podría el santo amor de Dios vivir en estas almas?
En un libro espiritual se lee cómo los vecinos de la Sagrada familia en Nazaret decían, cuando sufrían o estaban tristes: “Vengan, vamos a la bondad”. Vean cómo es grande el Santo Dios en forma humana, se revistió, por así decirlo, de la “BONDAD” como con un vestido, para conquistar a los hombres para que aprendiesen a amarlo y seguirlo.
Todas juntas hagamos una verdadera iniciación en la escuela de la caridad. Recemos las unas por las otras. Las saluda por la Madre de Dios, su madre,
María Bernarda del Sagrado Corazón de MARÍA.
Cartas de Espiritualidad #1