Obra Pía, 18 de mayo de 1914

¡Ave María!
¡En Jesús, amadas hijas!:

No sé por qué, pero un cierto presentimiento me lleva a escribirles algunas palabras sobre el sufrimiento. Agradezcan a Dios si les envía alguno. Todo, sin excepción, viene de la paternal mano de Dios.

Un gran misterio envuelve el sufrimiento en este mundo. De un lado, él es tan amargo a la naturaleza humana y, de otro, son grandes las gracias que genera, si es aceptado con amor y paciencia. Sentimos el sufrimiento. Las gracias, sin embargo, están envueltas en una celestial oscuridad para mayor garantía.

Queridas hijas, estén preparadas para todo lo que venga. Conserven la serenidad y la paz del corazón. El Padre Celestial todo lo pesó, para todo dispuso ya la gracia, para que nunca les sobrevenga una prueba mayor. Todos los sufrimientos llevan no sólo a un bueno, sino a un extraordinariamente bendecido fin – aun cuando no siempre sea en este mundo, sino, en la eternidad.

¡Miremos maravilladas hacia el cielo! ¡Contemplemos, cómo nuestro divino Esposo entra triunfante en la Jerusalén Celestial, en la Fiesta de la Ascensión! Por la fe sabemos que Él nos precedió para prepararnos allí una morada. No sólo para nosotras, sino para todos los fieles que, según su ejemplo, perseveraren en el sufrimiento.

Les ruego de todo corazón: sufrir con amor y paciencia, durante las cortas horas de esta vida, para que los Ángeles del Señor se alegren con la constancia de ustedes. Si desde el inicio hubiere dificultades, podemos esperar que termine bien. El sufrimiento precede, acompaña y sigue cada una de las iniciativas de Dios.

Qué consuelo experimentarán al mirar hacia atrás sobre los muchos pequeños sacrificios que ahora tienen que hacer. Ellos son la preciosa semilla que producirá el sesenta y cien por ciento de los frutos.

El Divino Sembrador las bendiga con misericordioso amor, en la fiesta de su gloriosa ascensión. Pidámosle esto filialmente. Recemos las unas por las otras y permanezcamos unidas en el amor todos los días de nuestra vida. Por los sagrados corazones de Jesús y María las saluda cordialmente, su madre que las ama,

María Bernarda del Sagrado Corazón de MARÍA

Cartas de Espiritualidad #1