1 Un sábado, sucedió que Jesús fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Y ellos lo observaban.
7 Jesús notó cómo los invitados escogían los primeros lugares. Entonces les contó una parábola:
8 “Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer lugar. Puede que haya sido invitada una persona más importante que tú,
9 y el que los invitó a ambos venga y te diga: ‘Dale tu lugar a él’. Entonces, lleno de vergüenza, tendrás que ocupar el último lugar.
10 Más bien, cuando seas invitado, ve y siéntate en el último lugar. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los invitados.
11 Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
12 Y dijo también al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos. Porque ellos podrían invitarte también, y ya tendrías tu recompensa.
13 Al contrario, cuando des una fiesta, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos.
14 Entonces serás feliz, porque ellos no te pueden retribuir. Recibirás tu recompensa en la resurrección de los justos.”