¡Ave María!

“Den culto al Señor, Cristo, en sus corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que les pida razón de su esperanza” .

En Jesús amadas hijas:

¡Qué grande y prometedora esperanza hemos recibido de la Misericordia de Dios! Esperamos la vida eterna, esperamos ser admitidas a la intimidad en el amor con Cristo en esta vida; esperamos luego la visión beatífica en los siglos venideros.

La esperanza fue puesta como semilla fértil en nuestros corazones el día de nuestro bautismo; es una simiente dada para la vida eterna. La hemos recibido para desarrollarla y debemos dar cuenta de ella al Divino Sembrador.  Sus frutos se prolongarán hasta la vida venidera, y ya aquí nos serán de gran consolación.

La esperanza es luz tomada de la “fe” que ilumina nuestro camino; es vida y fuerza que nos sostiene en las luchas del diario bregar; es lenitivo que mitiga nuestras penas y es promesa de duradero galardón.

¡Qué profunda comprensión y experiencia vital tenía nuestro Padre San Francisco de esta virtud  teologal! Recuerden sus palabras: “Cosas grandes hemos prometido, mayores nos han sido prometidas a nosotros. Cumplamos las unas, para alcanzar las otras”. Hermanas, grábense estas palabras y reciban los saludos de su Hermana,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María

Cartas de Espiritualidad #1