¡Ave María!
En Jesús amadas Hermanas:
La “Paz” del Señor esté con ustedes en esta Navidad y Año Nuevo, y el gozo del Espíritu Santo vivifique sus almas. Deseo que sirvan a Dios de todo corazón y que jamás pierdan la santa alegría en el Señor. Dios aborrece la tristeza, porque es un Dios de amor, y es un Padre amante para todos sus hijos.
Hermanas, ninguna entre ustedes esté abatida, ni enmudezca a causa de pesimismo y desánimo. No honran a su Padre los hijos desesperados, pues dudarían de su bondad y desconocerían su magnanimidad. Tampoco debe impedir el santo gozo las obras de penitencia, ofrecidas en rescate por la salvación de los hermanos. Al mundo se redime con la generosa abnegación y la esperanza cargada de sano optimismo. El optimismo puesto al servicio del amor, agrada a Dios y acerca a Cristo.
Les repito, háganse hijas de Dios en espíritu, en verdad y en santa caridad.
¡Que el gozo del Espíritu de Amor las plenifique y las consuele!
“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino que tenga la vida eterna”. Realmente, esta verdad es motivo superabundante para sentirnos amadas, y para desbordar de santa alegría, todos los momentos de nuestra vida. ¡Agradezcan y alégrense hermanas! ¡Que abunden en todas las gracias traídas a este mundo por el Divino Niño! Con cordiales saludos, su Hermana
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1