¡Ave María!
En Jesús amadas hijas:

Dios se hace sentir acá y allá en los acontecimientos naturales y sociales. Ellos deberían provocar en las almas consagradas un saludable temor y un santo fervor para lanzarse dinámicamente a la auto-superación, en todos los campos.

Más, siento a menudo desvanecerse mis más caros anhelos. Observo mucha superficialidad y aun frialdad en el servicio de Dios y de los hermanos. Parece que los signos de los tiempos nos hayan vuelto insensibles a la voz de Dios. Ya no nos conmueven las continuas insinuaciones de nuestros superiores. ¿O será que hemos aceptado incondicionalmente y sin discriminación la mentalidad de quienes hoy dominan el mundo?

Amadas hijas, entiéndanme bien! Conozco la flaqueza humana y la comprendo. Pero, qué pensar de la falta de personalidad y criterio recto, en presencia de procederes poco correctos, que solicitan reacciones de oposición de palabra y de obra? ¿Por qué guardamos silencio frente al mal? Hermanas, ¡pronúnciense valientemente! ¡Sean sencillas; déjense orientar; obedezcan por dentro y por fuera con responsabilidad filial; humíllense libremente y tengan caridad!

Opongan a los signos de los tiempos el dinamismo fecundo de los hijos de Dios. Digan ahora y siempre: ¡hoy me convertiré a Yahvé! Esta es la mejor reacción en presencia de un mundo desesperado que aguarda de nosotras la solución de su incredulidad y de su grave egoísmo.

¡Que Dios les conceda esta gracia! Por Jesús, María y José, las saluda su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María

Cartas de Espiritualidad #1