Ave María!
En Jesús amadas hijas:
Levanten su perfección sobre el fundamento sólido de una obediencia responsable.
Hermanas, obedezcan con humildad y sencillez. Es relativamente fácil someterse a la autoridad, pero es muy difícil la práctica de la obediencia en relación con el deber y la vida comunitaria en un ambiente determinado. Estos últimos se realizan en circunstancias peculiares. Examínenlas y acepten consciente, responsable y gustosamente el estilo y el orden común de la fraternidad donde se encuentran. Sean dóciles en seguir las orientaciones de la obediencia, ¡ámenla! Examínense muchas veces sobre su espíritu de fe.
Amadas hijas, les suplico y las insto encarecidamente, no investiguen las cualidades personales de quienes presiden su apostolado o su fraternidad; ¡no hagan nunca esto! Háganse fácil el camino hacia las alturas. Obedezcan a Dios y por Dios, no sea que las engañe su yo…
-¡Recuerden su compromiso al pie de un altar!
-¡Consideren a “Quién” han jurado fidelidad!
-Oren y reflexionen: ¡qué ventajas les aportará una vida consagrada, cobarde frente al dolor; muelle, acorde con los gustos propios, sin corrección, sin pruebas, sin exigencias y sin esfuerzos por adquirir la perfección!
Les aconsejo, aspiren a una “obediencia exigente”, dentro del ámbito del deber y de la convivencia comunitaria. Les deseo orientadoras firmes, de mano segura y de corazón recto, para guiarlas en su camino a la eternidad. Llegadas allí, comprenderán ciertas exigencias y aparentes durezas. Empero, ningún consuelo experimentarán por faltas sin corregir y virtudes sin adquirir. ¡Renuévense desde hoy, amadas hijas!
Oremos mucho las unas por las otras. En Jesús, María y José, las saluda su madre,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María.
Cartas de Espiritualidad #1