¡Ave María!
En Jesús amadas Hijas:
Que grandioso y admirable aspecto presenta una comunidad compuesta de hermanas responsables. Cada cual, allí en su puesto, hace funcional lo mejor que puede, el apostolado común. ¡Qué paz, qué caridad, qué comprensión y cuánta unción en la oración común! donde hermanas responsables velan por el interés de todas, brota espontánea la disciplina y se respira un aire saturado de amor.
No sucede lo mismo en las fraternidades donde tiene ancho campo la “irresponsabilidad”. Por sus frutos las conocerán: deber mal cumplido; encuentros comunitarios no atendidos; olvidos de todas clases; superficialidades, detalles descuidados, órdenes equivocadamente interpretadas y ejecutadas sin interés; ligerezas por doquier…
Amadas hijas, ¡no se precipiten. ! Tómense el tiempo para escuchar y averiguar bien. ¡Sean responsables! Miren, Dios es un Dios de “paz”; ésta nace del orden y el orden engendra grandes bienes para la comunidad. La obediencia y la responsabilidad están al servicio del “bien común” y tienen una función liberadora y pacificadora. Ellas enriquecen nuestra fraternidad y nos promueven personalmente.
Consideren, amadas hijas, ¡cuánto depende de una “actitud responsable!” Ella determina la buena marcha de la fraternidad y la autorrealización de cada una de las hermanas. Bien conozco yo el empeño de sus Superioras por estructurar una fraternidad feliz. No las dejen solas; ayuden; sean responsables y participen generosas en levantar la carga común.
Esto espera confiadamente de Dios y de sus hijas, su madre,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María.
Cartas de Espiritualidad #1