¡Ave María!
En Jesús amadas hijas:

Examinen hoy conmigo un poco de su compromiso en materia de pobreza. Muchas son las enseñanzas que han recibido, ¿las recuerdan?

Una larga fila de religiosas, jóvenes y ancianas, se presenta en estos momentos ante mi espíritu, llevando en sus manos los frutos de una pobreza auténticamente vivida. ¡Qué buen testimonio son para todas nosotras! Cristo elogia la pobreza de espíritu, pero ésta tiene también sus matices en lo material. “vasos sagrados” son todas las cosas, viejas y nuevas, para aquellos que saben de verdadera pobreza.

Recordemos algunos detalles:
-No dañemos las cosas a causa de nuestra ligereza.
-Caminemos recogidas, es tan fácil tropezar.
-Donde quiera que sea, pongamos todas las cosas en su lugar y velemos por su seguridad.
-Bástenos con poco; seamos agradecidas.
-Demos a cada cosa su función propia; evitemos la arbitrariedad.

Hermanas, ¿Se sonríen a causa de mis prevenciones? ¿Les parecen infantiles? Pues bien, ¡permítanme que me sonría también yo! Somos las pequeñitas del pequeño pobrecito de Asís, y a menudo nos comportamos como niñas. Me refiero sobre todo a la práctica de la virtud. Crezcamos, maduremos, hagámonos grandes mediante la fidelidad en lo pequeño. Los amantes se prueban su amor con detalles. Almas fieles en lo pequeño, son grandes en el amor. ¡Imítenlas! Sean fieles en lo pequeño para conquistar las grandes riquezas del Reino de Dios.

¡Oremos las unas por las otras, unidas en Cristo por la comunión de su Preciosísima Sangre, amémonos de verdad! Por María, la Madre de Dios, las saluda su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María.

Cartas de Espiritualidad #1