¡Ave María!
En Jesús amadas hermanas:
Es para mí, asunto de alto interés, el que todas nosotras y nuestra pequeña congregación en general, se distinga por un auténtico “espíritu de expiación”. Este espíritu está en íntima relación con la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. ¡Qué tarea tan hermosa nos traza esta devoción! Es una llamada insistente a convertirnos en victimas de expiación por la salud del mundo. No obstante nuestra pequeñez, la Iglesia cuenta con nuestro aporte en su misión universal. Desde nuestro ambiente, en esta o en aquella ocupación, podemos cooperar al rescate de millares de almas, en peligro de naufragar.
Mis amadas hermanas, ¡seamos generosas! Hagamos voluntariamente holocaustos de expiación, mediante la mortificación y el olvido de nuestros mezquinos intereses personales. Cuántos actos de reparación podemos juntar con la fiel observancia de nuestros votos religiosos. Expiemos también mediante la práctica de la mutua caridad y tolerancia, la humildad y el control de nuestros apetitos naturales. Son actos de poca apariencia, que reforzados por la recta intención, anulan muchas infidelidades.
El espíritu de expiación eleva la mente y fortifica la voluntad. Nos libra de mil locuras en el pensar y hablar. Animémonos mutuamente y hagamos frecuente revisión sobre nuestro fervor en expiar por nosotras mismas y por los demás. El espíritu de expiación aprovecha grandemente a las almas y a nosotras también.
¡Adiós! Por el Sagrado Corazón de Jesús, las saluda su Hermana,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1