Cartagena, febrero 21 de 1921
¡Ave María!
En Jesús amadas Hermanas:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. ¡Qué difícil de entender es esta verdad evangélica, aun para almas consagradas! Dios nos dé la gracia de profundizarla un poco, en nuestros ratos de reflexión.
No creo que los confesores de las hermanas impongan ayunos especiales, conociendo las duras faenas de su apostolado por todas partes. Es un proceder ajustado a los consejos sabios y bondadosos de la Madre Iglesia. No obstante, ésta exige una conveniente y equitativa compensación, representada en un ayuno espiritual de mucho mayor alcance.
Hermanas, ayunen con sus ojos, oídos y lengua. Reduzcan la ración de curiosidad y los halagos naturales. Recuerden sus exigencias personales, sus terquedades, la hipersensibilidad y todo lo antagónico a una saludable mortificación. Quédense firmes en seguir las huellas de Cristo paciente. Manténganse valientes en el camino recorrido por el Varón de Dolores. ¡Qué importante es para una total realización, una vida generosa a imitación del Misterio Pascual de Cristo!
Animo hermanas, e incluyan también en sus ayunos espirituales, el firme propósito de no querer ser vistas, ni querer ver lo que no pertenece a la necesidad o a la caridad. Vivan intensamente su consagración de “almas oblativas”.
¡Adiós! Por el Sagrado Corazón de Jesús, las saluda su Hermana,
María Bernarda del Sagrado Corazón de María
Cartas de Espiritualidad #1