En Jesús amadas hijas:

Impulsadas por un gran fervor y un sincero amor, aspiren a ser dignas hijas de la Iglesia. Por todas partes está atacada nuestra Madre, ya secreta, ya abiertamente. Se pretende reducir sus derechos y el número de sus hijos.

Imploren la asistencia del Espíritu Santo sobre el Santo Padre y el clero universal, para que se renueven y sean la sal de la tierra como en tiempos apostólicos. Oren también, para que surja en la vida religiosa por doquier, el primitivo fervor, y para que las almas consagradas sean teofanías auténticas, capaces de convencer a fieles e infieles. Esto sería volver a las fuentes e imitar a los primeros cristianos.

Amadas hijas, les espera una ingente tarea. ” ¡Oren sin interrupción!” Ármense de valor, fervor y confianza, y pronto verán los frutos. Dios Uno y Trino es un Dios Todopoderoso, lleno de amor y bondad hacia sus criaturas. Ansiosamente desea comunicar sus bienes a las almas de buena voluntad. Pero, Dios exige la cooperación de las almas consagradas, para preparar la tierra que ha de recibir la semilla.

No ven, mis caras hijas, Dios les ha asignado un trabajo muy importante. Acéptenlo y ejecútenlo con todo el interés. Mucho bien nace de este esfuerzo para ustedes mismas y para la humanidad entera. Se librarán a la par de mil pensamientos inútiles y mortificantes que las pueden inquietar. En cambio, cuánto fruto produce una oración impetratoria hecha con generosidad, tanto para su propia promoción como en provecho de la Iglesia entera. Hijas, ¡escojan lo mejor!

¡Adiós! Por el Sagrado Corazón de Jesús, las saluda su madre,

María Bernarda del Sagrado Corazón de María

Cartas de Espiritualidad #1