{"id":3378,"date":"2024-01-17T09:18:53","date_gmt":"2024-01-17T14:18:53","guid":{"rendered":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/?p=3378"},"modified":"2025-06-23T19:54:31","modified_gmt":"2025-06-24T00:54:31","slug":"la-virtud-del-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/virtudes\/la-virtud-del-silencio\/","title":{"rendered":"La virtud del silencio"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00a1Silencio! Esta es una de las palabras que m\u00e1s hemos escuchado en nuestras vidas. Se la hemos o\u00eddo a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros profesores, amigos, compa\u00f1eros, bibliotecarios, polic\u00edas, y aqu\u00ed nos detenemos para no hacer innumerable la lista. Sin embargo, es una de las palabras que menos comprendemos. Porque el silencio no es s\u00f3lo abstenerse de hablar, o de emitir ruidos, sino que es algo m\u00e1s profundo y transformante.<\/p>\n\n\n\n<p>La palabra silencio se ha ido desgastando con el tiempo. Ha perdido su significado m\u00e1s importante, qued\u00e1ndose s\u00f3lo con las migajas. El silencio abarca concentraci\u00f3n y reflexi\u00f3n. Esto conlleva atenci\u00f3n, virtud que nos ayuda a apreciar las cosas en su justa medida. El aprecio, a su vez, es signo de madurez, y la madurez propone la verdadera felicidad. Y as\u00ed, del silencio nace todo un c\u00famulo de virtudes que enriquecen nuestra persona.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Necesitamos silencio.<\/strong><br>Necesitamos vivir en el silencio y desde el silencio. Si queremos seguir ahondando en el descubrimiento de toda la riqueza de nuestro ser profundo, tenemos que descubrir el valor del silencio. En el silencio y armon\u00eda de nuestro cuerpo, de nuestra mente y nuestro coraz\u00f3n emerge la conciencia del yo profundo, el yo aut\u00e9ntico y esencial. S\u00f3lo en la quietud, silencio y armon\u00eda de mi cuerpo, de mi mente y de mi coraz\u00f3n llegar\u00e1 a reflejarse la imagen de Dios que soy.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el silencio habla, la vida se transforma. Cuando el silencio es tan fuerte, tan denso, tan inmenso y eterno, ya no hay m\u00e1s que silencio elocuente, que se dice y se encarna. Toda nuestra vida queda sumergida en el esp\u00edritu de Dios que habita en nosotros. Esa es nuestra aut\u00e9ntica<br>transformaci\u00f3n. \u201cYa no vivo yo, sino que es Cristo el que vive en m\u00ed (G\u00e1l. 2, 20) y me transforma en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en el silencio donde se aprende a estar a solas(os) con uno mismo, pero sobre todo a ser lo que somos de verdad. \u00c9stas y otras capacidades se recobran al recuperar el silencio que ha perdido el sentido entre nosotras como consagradas y cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Textos B\u00edblicos:<\/strong><br>Poco a poco el alma, purificada de s\u00ed misma y convertida hacia el Se\u00f1or, est\u00e1 preparada para el nuevo encuentro con Dios. Pero aun as\u00ed debe recordar, como vivi\u00f3 El\u00edas, que la Palabra divina se puede escuchar solamente en el silencio. Despu\u00e9s del hurac\u00e1n, del temblor, del fuego, \u201cel<br>susurro de una brisa suave. Al o\u00edrlo El\u00edas, se cubri\u00f3 su rostro con el manto, sali\u00f3 y se puso a la entrada de la cueva. Entonces le fue dirigida una voz\u2026\u201d (1 Re 19, 12-13).<\/p>\n\n\n\n<p>La preparaci\u00f3n inmediata a su ministerio apost\u00f3lico, la realiza en el silencio de la oraci\u00f3n: \u201cJes\u00fas, lleno del Esp\u00edritu Santo, se volvi\u00f3 del Jord\u00e1n y fue llevado por el Esp\u00edritu al desierto\u201d (Lc 4, 1) \u201cpara ser tentado por el diablo\u201d (Mt 4, 1). En el recogimiento y uni\u00f3n con Dios, Jes\u00fas se fortalece para derrotar al pr\u00edncipe de las tinieblas. Cristo sali\u00f3 victorioso del combate.<\/p>\n\n\n\n<p>En el silencio externo, y sobre todo interno, se encuentra m\u00e1s f\u00e1cilmente a Dios. Adem\u00e1s, su deseo es que todos sus seguidores sepan orar en un ambiente de silencio y soledad: \u201ct\u00fa, cuando ores, entra en tu c\u00e1mara, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que est\u00e1 en el secreto, y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensar\u00e1\u201d (Mt 6, 6).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Camino del silencio en Santa Mar\u00eda Bernarda<\/strong><br>En todos los escritos concretamente el diario espiritual, las cartas a la fraternidad de \u00d3bidos, las cartas espirituales, las cartas de ense\u00f1anza para algunas hermanas con nombres propio y en los escritos paren\u00e9ticos, la Madre Bernarda habla brevemente pero con mucha sencillez y<br>profundidad sobre la vivencia del silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>En su vida oculta y silenciosa como ella misma lo reflej\u00f3 con su testimonio de vida, como lo contaban las primeras hermanas que vivieron con ella; hoy es tambi\u00e9n para nosotras, oculta y silenciosa, porque no ten\u00eda nada que mostrar, ni tampoco aparentar, vivi\u00f3 muy consciente y<br>atenta a la presencia de Dios que la envolv\u00eda en todo momento. Siempre como una buena animadora espiritual, ayudaba a las hermanas en las distintas fraternidades de la Congregaci\u00f3n, a estar atentas por el camino del silencio para vivir una autentica vida interior.<\/p>\n\n\n\n<p>En su vivencia del santo silencio, como ella sol\u00eda llamarlo, y en una de sus experiencias m\u00edsticas, escuch\u00f3 que Dios le habl\u00f3 para sus hermanas a trav\u00e9s de su \u00e1ngel: \u201cAmadas esposas de Dios: \u00a1Guardad el santo silencio que es el guardi\u00e1n de la aut\u00e9ntica vida espiritual\u201d. Es aqu\u00ed desde su vivencia del silencio donde lo fundamenta, como un elemento importante para alcanzar una vida espiritual profunda en Dios Uno y Trino. Para ella, sin el silencio no puede haber vida interior, vida espiritual. Por lo tanto, este silencio al vivirlo en las responsabilidades que se tiene en la vida fraterna misionera, como lo experiment\u00f3 ella misma, es hermoso y se convierte en un arte sagrado como ella misma lo llama.<\/p>\n\n\n\n<p>La Madre Bernarda permanece con la atenci\u00f3n fija en el silencio, como un medio, para llegar a la aut\u00e9ntica vida interior, considera el silencio fundamental para la interioridad. Por eso en la misma carta, conforta a esta fraternidad de \u00d3bidos a estar vigilantes, atentas al silencio. En su misma preocupaci\u00f3n por la falta del esp\u00edritu de silencio, la Madre Bernarda, sigue insistiendo a esta fraternidad, algo que hoy nos falta en muchas fraternidades, en las obras\u2026aprender a vencer nuestra lengua, y nos lo dice as\u00ed: \u201cMis queridas hijas, hemos de aprender el dominio sobre nuestra lengua, sin este dominio no se puede hablar de un esp\u00edritu bueno en una persona consagrada o en una fraternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ella, tener control en el hablar y hablar solo lo necesario nos trae muchos beneficios espirituales como el esp\u00edritu del silencio, para nuestra vida interior.<br>De lo contrario, sino se aprende a dominar la lengua, imposible ser una verdadera esposa de Cristo, como lo dice ella tan expl\u00edcitamente en la carta a la fraternidad de \u00d3bidos. \u201cMiren, es casi imposible que una religiosa pueda ser una verdadera esposa de Cristo, si no sabe dominar<br>su lengua. Porque mancha su coraz\u00f3n con innumerables faltas, y as\u00ed resulta m\u00e1s bien una persona seglar metida en el santo h\u00e1bito\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Reflexi\u00f3n personal\/comunitaria:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Frente a las palabras de Santa Mar\u00eda Bernarda, en su animaci\u00f3n espiritual sobre el valor del silencio, como un elemento importante de su espiritualidad que estamos viviendo hoy, desde sus escritos, contempla \u00bfA qu\u00e9 te quiere invitar Dios a trav\u00e9s de ella?<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfC\u00f3mo anhelas reconstruir o resignificar tu experiencia de Dios, desde tu cotidianidad fraterna misionera? \u00bfQu\u00e9 valor le das al silencio?<\/li>\n\n\n\n<li>T\u00fa crees Hermana\u2026 \u00bfes urgente fomentar una cultura del Silencio, en nuestros \u00e1mbitos de misi\u00f3n y de Fraternidad? Para qu\u00e9?<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p><strong>Maneras para vivir el silencio seg\u00fan Santa Mar\u00eda Bernarda<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>En primer lugar aprender a hacer silencio nuevamente, para escuchar la voz del Padre, la llamada de Jes\u00fas y el gemido del Esp\u00edritu.<\/li>\n\n\n\n<li>Silencio exterior que es practicado por amor y al mismo tiempo, es este el que impulsa al santo silencio interior o el recogimiento, para avivar la vida interior.<\/li>\n\n\n\n<li>Hablar lo necesario, en forma moderada, llena de caridad, permaneciendo atenta, y evitando los ruidos fragosos, las palabras ociosas sin desear saber de d\u00f3nde procede esto o aquello.<\/li>\n\n\n\n<li>Re-aprender a callar, ya que ella, en su experiencia personal del santo silencio reconoce a Dios en tres signos que son la paz, el amor y el silencio.<\/li>\n\n\n\n<li>Entrar ya, a la pr\u00e1ctica del silencio interior, que no ser\u00e1 callarse por callarse, sino, buscar y encontrar nuestro centro, y, en el \u201chond\u00f3n\u201d de nuestro centro, descubriremos&nbsp;al Se\u00f1or.<\/li>\n\n\n\n<li>El silencio interior es el silencio del alma, que lleva a&nbsp;recogerse&nbsp;en el Se\u00f1or.&nbsp;<br>*El silencio que se alcanza cuando una persona&nbsp;se recoge, entra&nbsp;dentro de s\u00ed misma&nbsp;con<br>serenidad, y permanece en presencia de Dios, logrando as\u00ed la unidad de su ser.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><strong>El Silencio seg\u00fan el Papa Francisco<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La importancia del silencio en tres reflexiones del Papa Francisco:<br>1\u00ba El silencio es esencial para la vida del creyente: En primer lugar, el silencio es esencial&nbsp;en la vida del creyente. En efecto,&nbsp;est\u00e1 al principio y al<br>final de la existencia terrena de Cristo. El Verbo, la Palabra del Padre, se hizo \u201csilencio\u201d en el pesebre y en la cruz, en la noche de la Natividad y en la de Pascua.&nbsp;Esta tarde nosotros cristianos hemos permanecido en silencio ante el Crucifijo de San Dami\u00e1n, como disc\u00edpulos a la escucha ante la cruz, que es la c\u00e1tedra del Maestro. Nuestro silencio no ha sido vac\u00edo, sino un momento lleno de espera y de disponibilidad.&nbsp;En un mundo lleno de ruido ya no estamos acostumbrados al silencio, es m\u00e1s, a veces nos cuesta soportarlo, porque nos pone delante de Dios y de nosotros mismos. Y, sin embargo, esto constituye la base de la palabra y de la vida.<br>&nbsp;<br>2\u00ba El silencio es esencial en la vida de la Iglesia: En segundo lugar, el silencio es esencial&nbsp;en la vida de la Iglesia. El libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles cuenta que, tras el discurso de Pedro en el Concilio de Jerusal\u00e9n, \u00abtoda la asamblea hizo silencio\u00bb (Hch&nbsp;15,12), prepar\u00e1ndose para recibir el testimonio de Pablo y Bernab\u00e9 acerca de los signos y prodigios que Dios hab\u00eda realizado entre las naciones. Y esto nos recuerda<br>que&nbsp;el silencio, en la comunidad eclesial, hace posible una comunicaci\u00f3n fraterna, en la que el Esp\u00edritu Santo armoniza los puntos de vista porque \u00c9l es la armon\u00eda. Ser sinodales quiere decir acogernos as\u00ed, unos a otros, con la convicci\u00f3n de que todos tenemos algo que testimoniar y aprender, poni\u00e9ndonos juntos a la escucha del \u00abEsp\u00edritu de la verdad\u00bb (Jn&nbsp;14,17) para conocer lo que \u00c9l \u00abdice a las Iglesias\u00bb&nbsp;(Ap&nbsp;2,7).<br>&nbsp;<br>3\u00ba El silencio es esencial en el camino de unidad de los cristianos: Y finalmente, en tercer lugar: el silencio es esencial&nbsp;en el camino de unidad de los cristianos; de hecho, este es fundamental para la oraci\u00f3n, de la que parte el ecumenismo y sin la cual es est\u00e9ril. Jes\u00fas, en efecto, rez\u00f3 pidiendo \u00abque todos [sus disc\u00edpulos] sean uno\u00bb (Jn&nbsp;17,21).&nbsp;El silencio hecho oraci\u00f3n nos permite acoger el don de la unidad \u201ccomo Cristo la quiere\u201d, \u201ccon los medios que \u00c9l quiere\u201d&nbsp;(cf. P. Couturier,&nbsp;Preghiera per l\u2019unit\u00e1), no como fruto aut\u00f3nomo de nuestros propios esfuerzos y seg\u00fan criterios puramente humanos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-4 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"506\" height=\"900\" data-id=\"3401\" src=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3401\" srcset=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio1.jpg 506w, https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio1-480x854.jpg 480w\" sizes=\"(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 506px, 100vw\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"506\" height=\"900\" data-id=\"3414\" src=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3414\" srcset=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio3.jpg 506w, https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio3-480x854.jpg 480w\" sizes=\"(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 506px, 100vw\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"506\" height=\"900\" data-id=\"3483\" src=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/02\/silencio7.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3483\" srcset=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/02\/silencio7.jpg 506w, https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/02\/silencio7-480x854.jpg 480w\" sizes=\"(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 506px, 100vw\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"506\" height=\"900\" data-id=\"5430\" src=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio8.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5430\" srcset=\"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio8.jpg 506w, https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/01\/silencio8-480x854.jpg 480w\" sizes=\"(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 506px, 100vw\" \/><\/figure>\n<\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El silencio no es s\u00f3lo abstenerse de hablar, o de emitir ruidos, sino que es algo m\u00e1s profundo y transformante.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3379,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"1200","footnotes":""},"categories":[97],"tags":[],"class_list":["post-3378","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-virtudes"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3378","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3378"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3378\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5431,"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3378\/revisions\/5431"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3379"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3378"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3378"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanas.org\/portal\/lamerica\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3378"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}